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Su Advenimiento

El Advenimiento del Avatar (Mesías, Buda, Cristo, Rasul) es el descenso directo de Dios a la Tierra en forma humana, como el Maestro Viviente y Eterno. Los cinco Sadgurus (Maestros Perfectos) de la era precipitan esta venida en un período cíclico de 700 a 1400 años aproximadamente.

Los períodos Avatáricos semejan la primavera de la creación. Ponen en circulación un nuevo despertar de la consciencia y una nueva experiencia de vida, no tan sólo para unos pocos sino para toda la creación.

El Avatar fue la primer alma individual que completó el proceso evolutivo e involutivo y alcanzó la realización del Verdadero Yo.

El Avatar aparece en diferentes formas, con diferentes nombres, en diferentes épocas y en diferentes partes del mundo. Puesto que su aparición coincide siempre con la regeneración espiritual del hombre, el período inmediatamente precedente a su manifestación es siempre aquél en el que la humanidad sufre los agudos dolores de un próximo renacer.

En este ciclo Avatárico, los cinco Maestros Perfectos que precipitaron este advenimiento fueron:

Hazrat Babajan

El nombre que le pusieron a HAZRAT BABAJAN fue Gool Rukh. Nacida en una familia musulmana real, de Baluchistán, en el norte de la India, entre 1790 y 1800; Gool Rukh significa “como una rosa” o “de mejillas como las rosas”. Era físicamente bella y su espíritu semejaba una rosa cuya fragancia y belleza jamás se desvanecieron. Gool Rukh conservó toda la vida su delicada belleza, y en su carácter de Hazrat Babajan, las personas se sentían atraídas hacia ella dondequiera que acudiera.

Gool Rukh fue criada como una princesa rica, sin escatimar gastos para instruirla y educarla de acuerdo con su regio linaje. La niña era brillante e inteligente, y cuando, siendo pequeña, aprendió el Corán de memoria, se la conoció como Hafiz-e-Koran a muy corta edad. También hablaba fluidamente varios idiomas, incluidos el árabe, el persa, el pashtu, el urdu, e incluso el inglés.

Hazrat Babajan

Cuando la niña se convirtió en una joven mujer, sus inclinaciones espirituales aumentaron, y Gool Rukh pasaba cada vez más y más tiempo sola. También su belleza física aumentó, y verla causaba tanto placer que todos decían que el esposo de Gool Rukh sería realmente un hombre afortunado. Cuando Gool Rukh estuvo en edad de contraer matrimonio, sus padres sacaron a relucir el tema, pero quedaron azorados ante su firme rechazo a casarse. Era algo inaudito que una princesa Pathan permaneciera soltera y, en especial, una persona tan bella como ella. Los padres de la joven trataron entonces de imponerle que se casara, sin saber que ella ya había escogido a su Amado, Dios mismo.

Gool Rukh conoció a un Sadguru hindú, cuyo destino era guiarla por el sendero de la perfección. Bajo su guía, ella escaló una montaña en el desierto y vivió en retiro dentro de una cueva. Permaneció durante un año y medio en las regiones montañosas del Sub-Continente de la India, practicando un riguroso ascetismo.

En Multan conoció a un Qutub, que se llamaba Maula Shah; cuya gracia divina le dio la Realización. La ilusión del universo se desvaneció ante sus ojos cuando ella se convirtió en el Creador.

Años después con la ayuda de otro Maestro, Hazrat Babajan recupera la consciencia de la creación y se convierte ella misma en uno de los cinco Maestros Perfectos de la Tierra, y emprende largos viajes por los países de Medio Oriente.

En los primeros años del 1900, Hazrat Babajan regresa a Bombay y poco después se establece en Puna. La primera vez que Babajan vivió en Puna no se quedaba en un lugar fijo. Solía vagar por la zona del Acantonamiento, o bien por la ciudad, frecuentando incluso los sucios arrabales. Aunque sus ropas estaban harapientas y polvorientas, su belleza y su rostro radiante atraían a muchas personas. Había sido una princesa; ahora, su majestad era inequívoca, ella era un emperador.

El encuentro entre Hazrat Babajan y Meher Baba

En 1913, cuando Merwan (más tarde conocido como Meher Baba) iba en su bicicleta hacia la Universidad de Deccan, vio que había una muchedumbre en el camino. La multitud rodeaba a una anciana, Hazrat Babajan, que estaba sentada bajo su árbol neem. Merwan había pasado muchas veces frente a la anciana, pero aparentemente nunca le había prestado atención.

Ese día de mayo, cuando Merwan pasó por ahí, miró casualmente a Babajan quien, en ese preciso instante, le miró, y con una inclinación de cabeza, le indicó que se acercara. Merwan no pudo pasarlo por alto; bajó enseguida de su bicicleta y se acercó a ella caminando.

Babajan le estaba aguardando ansiosamente y, cuando Merwan se aproximó a ella, él tuvo la sensación de que sus ojos le atraían magnéticamente. Entonces Babajan se puso de pie con los brazos abiertos. La anciana le abrazó con el fervor de una madre que encuentra a su hijo perdido. Las lágrimas empezaron a correr por sus arrugadas mejillas.

Merwan permaneció callado e inmóvil frente a la anciana. Desde el instante en que lo abrazó, fue indescriptible lo que él experimentó: ¡su consciencia individual estaba fundiéndose con el Océano de dicha!

Babajan y Merwan raramente conversaban cuando se sentaban juntos bajo el árbol. Una noche de enero de 1914, cuando Merwan estaba por irse, besó las manos de Babajan y ella, a su vez, sostuvo el rostro de Merwan entre sus manos. Había llegado el momento. Mientras le tomaba su rostro, Babajan miró profundamente a los ojos de Merwan con todo su amor y le besó en la frente. Volviéndose hacia sus seguidores que estaban cerca, señaló con su meñique al deslumbrado Merwan y declaró: “Éste es mi amado hijo... Un día sacudirá al mundo, y beneficiará a toda la humanidad”.

Así fue como Meher Baba inició su rol Avatárico.

Narayan Maharaj

Narayan Maharaj

Narayan Maharaj nació un 25 de mayo de 1885. Su padre, Bhim Rao, murió cuando él tenía catorce meses; y su madre, Lakshmi Rao, también murió cuando Narayan contaba con cinco años de edad. Entonces se fue a vivir con su abuela, y al cumplir nueve años se volvió un sadhu.

Después de vagar errante durante muchos años a lo largo de la India, Narayan se sintió impulsado a escalar una montaña cercana y vivir en una cueva, en la que no comía ni bebía, sino que ¡se quemaba con fuego divino! En este fuego de amor, él experimentaba alegría y dolor simultáneamente.

Narayan abandonó la cueva y recorrió los acantilados. Un día, estaba sentado a la vera de un monasterio situado en la montaña, absorto en su estado interior, cuando una voz le despertó haciéndole salir de su estado. La voz le estaba llamando claramente, y él entró en los recintos del monasterio, en el que en el extremo de un pasadizo, vio a un anciano. Cuando Narayan llegó hasta él y se inclinó, la mirada del anciano de pronto convirtió su mar de desasosiego en un mar de dicha. Narayan cayó a sus pies, reconociendo a aquel anciano como el Maestro que había visto en sus sueños. La inquietud que había experimentando durante casi diez años se disolvió, convirtiéndose en paz ante la vista de su Gurú.

El anciano abrazó al joven Narayan, y después le dijo: “Tengo hambre. Ve a pedir limosna, y tráeme un poco de comida”. Cuando Narayan regresó con ésta, se encontró con que las puertas del monasterio estaban cerradas. Muy impresionado, se puso a llamar a gritos a su Maestro. Al oír estos gritos, apareció el encargado del monasterio y le dijo: “nadie ha estado aquí en todo el día”. Sus palabras indicaron que el Maestro había aparecido sólo para Narayan.

Cuando la puerta se abrió ante la insistencia de Narayan, no había nadie adentro. Narayan, desconcertado, se sentó fuera del monasterio, debajo de un árbol neem, clamando a su Gurú a fin de que regresara para comer. En medio de su desconsolado llanto, aquella terrible inquietud que había desaparecido en el joven, volvió a manifestarse con renovada intensidad.

"Maestro, ¿dónde estás? ¿Por qué te escondiste? Permíteme volver a ver tu rostro... Te traje comida, tal como me lo ordenaste. No comeré hasta que vuelvas para recibirla. Ven, Maestro, ven pronto o moriré sin ti".

Narayan lloró amargamente. Al tercer día vio que su Gurú estaba de pie frente a él. El anciano se sentó junto al joven y aceptó la comida. Después, el Gurú le dio a Narayan lo que quedó, diciéndole: “Termina la comida, éste es mi prasad para ti”.

Tan pronto Narayan probó el primer bocado, el aspecto del anciano cambió por completo. Descubrió que el anciano no era otro que Dattatrey. El cuerpo del anciano se había transformado en el de un joven de seis brazos, y su viejo rostro se había transformado en tres cabezas.

Junto con esta aparición de Dattatrey, Narayan mismo se transformó en Narayan, el Ser Universal. El joven se convirtió en Dios Realizado, cruzando los límites de la dualidad.

El encuentro entre Narayan Maharaj y Meher Baba

En abril de 1915, Merwan abordó un tren rumbo a la aislada aldea de Kedgaon. Allí preguntó dónde estaba el ashram de Narayan Maharaj; caminó unos once kilómetros desde la estación ferroviaria hasta la sede del Sadguru, y durante su caminata quedó absorto.

Llegó a un templo en donde había una gran multitud y Narayan Maharaj, con una corona dorada, estaba sentado en el trono de Dattatrey. Al ver a Merwan, Narayan dejó de dar darshan, ordenó que todas las personas se dispersaran y se levantó. Llevando a Merwan de la mano, le hizo subir unos pocos escalones permitiéndole que se sentara en el trono. Narayan retiró de sus hombros una guirnalda de flores y la puso en torno del cuello de Merwan.

Así fue el encuentro de Meher Baba con el segundo de los Maestros Perfectos de la Era.

Tajuddin Baba

En la mañana del 17 de enero de 1861, en la ciudad de Kamptee, en las afueras de Nagpur nace Tajuddin Mohammed Badruddin, quien sería conocido posteriormente como Tajuddin Baba.

El niño asistió a una excelente escuela a los seis años de edad, y le consideraban un alumno superior al nivel normal. Se percibieron en Tajuddin singulares cualidades espirituales. El niño aprendió árabe, persa, urdu y también inglés; asimismo, leía con avidez. Tajuddin prosiguió sus estudios superiores hasta los dieciocho años, cuando ocurrió un hecho prodigioso que cambió su vida.

Había en Nagpur un santo famoso, llamado Hazrat Abdullah Shah, quien era sumamente reverenciado. Un día, este santo visitó la escuela de Tajuddin y, al observar al joven, dijo: “¿Por qué este joven debe estar en la escuela? ¿Qué necesidad tiene de estudiar? ¿Qué le queda por aprender? El joven posee gnosis... ¡conocimiento divino!”

Tajuddin Baba

El santo se acercó a Tajuddin, y los ojos de ambos se encontraron. Abdullah Shah tomó un bizcocho, comió la mitad y dio la otra a Tajuddin.

Tan pronto Tajuddin probó el bizcocho, el ghazal (poema) del vino empezó a cantar en su corazón y sus ojos derramaron anhelosas lágrimas ante el santo. El joven desapareció de la escuela y, durante tres días, permaneció en un estado de dicha, con lágrimas y anhelo de ver a su Amado. El santo había despertado el anhelo del alma de Tajuddin por el conocimiento de Dios.

En 1879, Tajuddin se alistó en el ejército y fue en este periodo que él se encontraría con su Amado Maestro.

Una noche en la que Tajuddin estaba de guardia, alguien le llamó. Alarmado, miró alrededor y después caminó en dirección a esa voz. Fue más allá del cuartel y se internó en el tupido bosque; abriéndose camino entre la arboleda encontró a un anciano sentado bajo un árbol. Era el Qutub Hazrat Daood Chishti, famoso en el distrito, el Verdadero Amado que había llenado de inquietud el corazón de Tajuddin.

Sin mirarle, el viejo maestro le ordenó que le trajera una taza de té caliente. Tajuddin salió de la espesura y volvió a la cocina del cuartel, y allí preparó una taza de té caliente. Volvió a recorrer la senda por el bosque y llevó la taza de té sin que se derramara. Daood Chishti sorbió un poco de té y dio el resto a Tajuddin, diciéndole que lo bebiera. Tan pronto el joven Tajuddin bebió el té, su desasosiego se consumió en un instante y se transformó en un Océano de dicha. En ese momento, Tajuddin alcanzó la realización de Dios.

El encuentro entre Tajuddin Baba y Meher Baba

Tiempo después del encuentro con Narayan Maharaj, Meher Baba se dirigió hacia Nagpur para encontrarse con el tercer Maestro Perfecto de nuestra Era: Tajuddin Baba, quien residía en Vaki Shariff, un pueblo a unos diecisiete kilómetros de Nagpur.

El Qutub estaba rodeado por una gran multitud de devotos. Merwan caminó hacia el sitio en el que Tajuddin estaba sentado. Todos se sorprendieron cuando Tajuddin guardó silencio, se puso de pie y empezó a caminar hacia Merwan con rosas en la mano. Sus ojos se encontraron y sus miradas se unieron estrechamente. Tajuddin acarició las mejillas y la frente de Merwan con aquellas rosas. No pronunciaron una sola palabra.

Entonces, Tajuddin agitó las rosas en un gesto de despedida. Silenciosamente, en medio de la callada muchedumbre, Merwan se marchó. El perfume de las rosas impregnó Vaki Shariff. “¡Mi rosa, mi rosa celestial!”, musitó Tajuddin.

Sai Baba de Shirdi

Sai nació en 1838, en Pathri, en el distrito de Parbhani, pasando su niñez cerca de Aurangabad, en Maharashtra.

En la aldea de Shelwadi cuando viajaba con su madre, Sai conoce a Gopal Rao, un santo ciego muy conocido. El santo había estado esperando al niño y a su madre, y con gran respeto y amor preparó en su propia casa una habitación para que vivieran con él de manera permanente.

En la humilde casa de este santo, el joven Sai fue criado con gran afecto y amoroso cuidado. El amor del santo por ese niño aumentó cada vez más, mientras la madre servía a este hombre ciego con profundo respeto, pues le había dado un hogar a ella y a su hijo, por lo que estaría por siempre agradecida.

Sai Baba de Shirdi

La madre de Sai murió cuando el niño tenía doce años de edad. Al interrumpirse la conexión con su madre, el niño y el santo ciego vivieron juntos durante varios años en la misma casa. En este lapso, el niño descubrió el mundo espiritual gracias al santo y se convirtió en el principal discípulo de Gopal Rao.

Poco después de morir Gopal Rao, el joven se fue de Shelwadi y empezó a vagar de un sitio a otro en el estado de Maharashtra.

Finalmente, deambuló por las colinas que rodean las cuevas de Ellora, en Aurangabad, y en ese lugar entró en una pequeña cueva que se halla en la cima de una colina llamada Khuldabad.

Al pie de esta colina está la tumba de un Qutub sufi, llamado Zarzari Baksh. Esa tumba fue el sitio predilecto de los peregrinos de esa zona durante más de setecientos años. Zarzari Baksh fue el maestro de Sai en una vida anterior en la que él fue un sufi, por lo que, atraído interiormente a estar cerca de su anterior maestro, Sai entró en esa cueva desde donde se ve la tumba. Durante este lapso, Sai realizó a Dios y permaneció en la cueva durante varios años en el estado de Majzubiyat, sin abandonarla nunca en busca de comida o agua.

Sai era totalmente consciente de sí mismo como Dios, “Anal Haq”, pero permaneció completamente desvinculado, durante cuatro años, de su propio cuerpo humano y del mundo que le rodeaba. Sai tenía necesidad de abandonar esa cueva; necesitaba recuperar su consciencia física para poder cumplir su destino y traer al Antiguo a la forma.

Interiormente atraído por el poder de otro Maestro Perfecto, deambuló hacia el este para encontrarse con el Swami de Akalkot, y por la gracia de este Sadguru, Sai recuperó la consciencia humana normal. En esta aldea de Akalkot, en la cordillera de Ajanta, el fakir se convirtió en Sai -en el Señor del Universo, en un Maestro Perfecto- y su labor divina comenzó en la Tierra. Tenía entonces veinte años de edad.

Sai regresó a Shirdi en 1858 y se quedó allí, convirtiendo a esa humilde aldea en su sede permanente.

Oculto en este fakir extraordinario se hallaba el Qutub-e-Irshad de la pasada era. Este fakir era el jefe de la jerarquía espiritual y el principal Maestro Perfecto de su tiempo.

El encuentro entre Sai Baba y Meher Baba

Una noche, Hazrat Babajan habló muy claramente a Merwan: “El tesoro es tuyo para que lo tengas ya. La llave está allá, ve a Shirdi, hijo mío. Allá hay un Sai... Ve a encontrarte con el Sai. Procura que te dé la llave ya... Recibe del Sai esa llave”.

Fue así que, con su amigo Khodu, Merwan fue a Shirdi para encontrarse con Sai. En ese entonces, Sai Baba tenía setenta y siete años de edad, su barba era blanca, su cabello era blanco como la nieve y vestía una túnica blanca. Estaba sentado en su mezquita, La Madre de la Misericordia, y señalando a Khodu, le dijo: “Sólo quiero ver a tu compañero”.

Merwan se tendió completamente en el suelo a los pies de Sai Baba; al verle en ese shashtang namaskar -totalmente postrado ante los pies del Maestro-, con una voz muy profunda, como surgida del fondo mismo del océano, Sai Baba pronunció una palabra majestuosa, el nombre de Vishnu: “¡Parvardigar!”, lo cual significa: “¡Dios-Preservador-Todopoderoso!”.

¡Al decir esta palabra sagrada, se iluminaron los ojos de Sai Baba y, desde éstos, los universos resplandecieron! Los brillantes ojos del anciano fakir estaban enviando un mensaje a Merwan, pero su palabra era inexplicable para los ignorantes, pues en el instante en el que Sai Baba había hablado, ¡Merwan se había vuelto todopoderoso: Sai Baba le había dado el poder infinito!

Upasni Maharaj

Upasni Maharaj nació bajo el nombre de Kashinath, en una familia de sacerdotes brahmanes hindúes, en la aldea de Satana, distrito de Nasik en la India, el día 15 de mayo de 1870. Su padre se llamaba Govind Shastri y su madre Rukhmini. Su abuelo, Gopal Shastri, era un pundit ilustrado (erudito brahmánico) de temperamento piadoso.

En el año 1890 en las afueras de Nasik en la India, Kashinath, quien era un buscador de Dios, ¡decidió ayunar hasta morir! Se internó en la selva y allí se encontró en la montaña de Bhorgad en la que había cuevas, pero no había comida ni agua en las cercanías.

Kashinath entró en una pequeña cueva y pasó dos días y dos noches sin comer, beber ni dormir, anhelando la muerte: la desafiaba para que llegara. En el tercer día, se preguntó por qué estaba desperdiciando su vida ¡llamando a la muerte en lugar de pensar en Dios! Entonces, en silencio, empezó a repetir durante días el nombre de Dios. Poco a poco, Kashinath se absorbió en su contemplación divina de Dios y se olvidó de todo: de su desesperación, de su familia y de su vida en el mundo. Entró en un samadhi muy profundo y permaneció en un estado de dicha y arrobamiento durante varios meses.

Pero Kashinath no podía pasar el resto de su vida absorto de esa manera; este joven, de veinte años de edad, estaba destinado a mucho más que a permanecer desconocido en una cueva solitaria, contemplando en trance a la Divinidad.

En 1892 Kashinath se casó y para ganarse la vida y sostener a su esposa, se mudó a Sangli, en donde estudió medicina ayurvédica por cuatro años. En 1895, se recibió de vaidh (médico) y volvió a Satana para practicar la medicina. En 1896 salió de Satana hacia Amraoti, y allí estableció un dispensario.

No obstante, con consentimiento de su esposa, renunció y cerró su dispensario, y el 10 de abril de 1910, ambos salieron en peregrinación. Durante sus viajes, la pareja fue a Omkareshwar, cerca de Mandhata, en el norte de la India, un lugar hindú de peregrinación que se halla junto al río Narmada.

Un día, en un bosque de las cercanías, mientras Kashinath estaba absorto en profunda contemplación, recibió una potente descarga y se desmayó. Dejó de respirar y parecía estar muerto. La esposa de Kashinath se asustó y roció su cuerpo con agua. Al rato, recobró la consciencia, pero aunque su cuerpo había soportado esa experiencia interior de un poder oculto, le era difícil respirar.

Luego de este suceso, Kashinath y su esposa se dirigieron a Nagpur, en donde tuvo sendos encuentros con Narayan Maharaj.

Más tarde, por consejo de un yogui de Ahmednagar se dirigió a ver a Sai Baba. Kashinath llegó a Shirdi en la mañana del 27 de junio de 1911 y fue directamente a ver a Sai para recibir su darshan.

Sai Baba le dijo a uno de sus discípulos: “Escucha cuidadosamente lo que te diré acerca de Kashinath. Él no tiene que quedarse aquí un año o un año y medio, sino cuatro años. En cuatro años, la gracia de Dios descenderá sobre él y todas sus cuentas estarán saldadas”.

Sai continuó: “Kashinath tiene que pasar sus días solo en el templo de Vithoba. Llévale allá. No hay que molestarlo; debe pasar en silencio sus días en el templo”.

Upasni Maharaj

"Su futuro es extraordinario. No hay nadie más que se le parezca. Sólo yo sé lo que él vale. Su mérito consiste en que, si pusieran a todo el mundo de un lado, y a él del otro, él sería más grande. ¡Tal es su valor!"

Después de varias experiencias espirituales estando en el templo, Kashinath halló finalmente la luz de Sat-Chit-Ananda: ¡Conocimiento, Poder y Dicha Infinitos!

El encuentro de Upasni Maharaj con Meher Baba

Después de haber contactado a los cuatro Maestros Perfectos anteriores, Merwan llegó al templo de Khandoba, en el que Upasni Maharaj vivía. Upasni estaba sentado en sus escalones, desnudo. Cuando Merwan se acercó al Sadguru, Upasni Maharaj levantó una piedra, se puso de pie y se la arrojó a Merwan con toda su fuerza, golpeándolo en la cabeza, ¡exactamente en el sitio en el que Babajan le había besado! Con el impacto de esa piedra, los ojos de Merwan empezaron a ver nuevamente al mundo material después de casi dos años.

Los Primeros discípulos de Meher Baba

A fines de 1921, Gustadji fue llamado a Sakori. Upasni Maharaj y Meher Baba estaban sentados juntos, y Upasni dijo solemnemente a Gustadji: “He hecho perfecto a Merwan. De ahora en adelante, aférrense a él”.

En 1921 también llamaron a Sadashiv. En una ocasión, estaba sentado con Upasni Maharaj cuando éste súbitamente comenzó a derramar lágrimas y dijo: “Merwan tiene ahora todo lo que Sai Baba me dio, todo le ha sido transferido ahora... Ahora todo el peso está sobre sus hombros”.

Finalmente, a fines de 1921, Behramji fue llamado para que acudiera a Sakori y viera a Meher Baba. Upasni Maharaj llevó a Behramji aparte y le dijo: “Ahora tu amigo es perfecto. Haz siempre lo que Merwan diga y obedécele incondicionalmente”.

Aunque los primeros discípulos de Meher Baba tenían un gran convencimiento y fe en él, al oír estas palabras directamente de un ser tan grande como Upasni Maharaj, esos jóvenes quedaron profundamente impresionados. Cada uno de ellos regresó a Puna y repitió a muchos otros las palabras de Upasni Maharaj de que Meher Baba era perfecto; esta información se difundió poco a poco por toda la ciudad de Puna.

Éstos fueron los primeros discípulos de Meher Baba.